El color y su influjo sobre el ser humano no son tema nuevo. Desde el origen de su existencia sobre este universo ha buscado poder plasmar, y en cierta manera apoderarse, del color que le rodea. Las paredes de esas cuevas donde habitaban civilizaciones antiguas no son más que el testimonio de los intentos cada vez más acertados por dar vida a imágenes y formas a través del color.

Algunas de las culturas milenarias que veían en cada una de las tonalidades del arcoíris un significado especial son la egipcia y la china. Para la primera, el dorado y el plateado eran una representación del sol y la luna. Los chinos, por su parte, consideraban que era posible curar el ente físico del humano, su cuerpo, utilizando colores para cada órgano.

Otra de las nociones que se concebían en la India, y que hoy es base fundamental del yoga, consiste en la asignación de un color a los Chakras en el cuerpo humano. El color, poseedor de una energía propia, es capaz de activar en nosotros sentimientos y emociones a través de sustancias neuroquímicas y hormonas.

Esto ha llevado a utilizar el color como parte de un proceso curativo llamado Terapia del color. Semejante a la cultura china en cuanto al alivio de males del cuerpo, también busca la sanación de la mente y el espíritu.

El niño y su receptividad perceptual

El adulto, a medida que crece en la cultura actual desde distintas dimensiones, va perdiendo la sensibilidad que llevó a sus antepasados a expresarse en una roca con tinturas extraídas de la naturaleza. Cuando hace la conexión con su yo interno a través de las posturas de yoga, en cierta medida se está desprendiendo de esa carga que le impide percibir el mundo en su completa dimensión.

Por su parte, el niño, quien no tiene estas barreras mentales propias de la adultez, está al acecho de explorar y absorber cada estímulo a su alrededor. El olor de un dulce puede crear la más inmensa alegría; la rica comida de la abuela despierta un sentimiento de amor; la brisa veraniega saca sus ansias por jugar; una canción en su clase de yoga para niños le calma; una feria, le llena de color y vida, le brinda el mejor de sus días. Si el ser humano es un ser perceptivo, el niño lo es aún más, porque para él cada emoción es algo novedoso y lleno de magia.

Por este motivo, como los adultos en evolución consciente que somos, pondremos especial cuidado en los espacios en los que se desenvolverán los niños creando ambientes agradables que faciliten la conexión del niño con su ser. Los colores son un instrumento que, sin duda, podrán modificar la energía emocional, y por ello deben ser usados con conciencia.

¿Cómo sacar provecho de los colores con el niño?

En primer lugar, mucho antes de iniciar la sesión de yoga en Barcelona con los pequeños, se debe estudiar el ambiente donde se realizará. ¿Existe algún sonido externo que pueda perturbarle mientras ejecuta las posturas de yoga? En caso de ser inevitable, ¿qué puedo hacer para contrarrestarlo? Se debe asegurar una fuente de luz natural, para que la artificial cumpla un papel secundario y los olores deben ser agradables y acordes.

Para el tema del color en primer lugar estarán las paredes. Estas deben estar pintadas de acuerdo a la atmósfera que se desee conseguir, adicionalmente se pueden utilizar accesorios como mantas, cojines o cortinas para hacer más colorido el lugar. Otro elemento que puede aportar color de una manera dinámica es una lámpara, estas se pueden cambiar en intensidad y tonalidad dependiendo del propósito.

Involucrar al niño en este proceso es, quizás, la parte más emocionante para ellos. La meditación no culmina en la esterilla. Asignar un muro para pintura creativa no solo aportará vida al ambiente y te ayudará a conocerles, sino que permitirá que ellos se sientan acogidos, al tener la posibilidad de personalizar su espacio en una actividad que se puede realizar cada cierto tiempo. Ellos, como todos los seres humanos, son cambiantes y no querrán ver siempre lo mismo a su alrededor.

Colores y emociones

Cada tono en el espectro del arcoíris está asociado a una o varias emociones. Como el ser humano mismo, el color puede representar tanto sentimientos positivos como negativos. Algunas de ellas se pondrán en manifiesto en mayor o menor intensidad dependiendo de cuán fuerte sea el uso del color o el tinte que este tenga.

La atracción de un niño por un color puede indicar que está careciendo de la cualidad a la que este se asocia, pero si este gusto es desproporcionado, puede llevar a un desbalance emocional en él.

Al momento de ambientar la sala donde el o los niños realizarán sus prácticas de yoga, es importante prestar especial atención a la proporción en la que se usen los colores, para que le influyan de la manera que deseamos y no de una forma que pueda ser dañina para su desarrollo. Los conceptos o conductas a los que se asocian cada color son:

  • Blanco / Negro: algunas personas llaman a estos colores acromáticos, es decir sin tinte, mientras que otros no lo consideran un color sino la ausencia o presencia de luz. El blanco, al ser luz, suele estar asociado a cosas positivas como el equilibrio, la unidad, la perfección, la pureza y la inocencia; pero también puede representar la muerte. El negro, por el contrario, puede interpretarse como la oscuridad, la muerte y la tristeza, sin embargo, también es un color de fuerza y protección.
  • Gris:este color es una alarma, ya que representa la melancolía, la tristeza. Su atracción puede significar que el niño no encuentra balance y por ello debe ser armonizado con otros colores.
  • Violeta:transformación, creatividad y espiritualidad a un nivel profundo son sus emociones principales. Demasiado violeta puede llevar al pequeño a no salir de un mundo de fantasía.
  • Azul:este es el color de la calma, de la regeneración y de la imaginación. En ciertos tonos, si se usa demasiado, puede estar ligado a un estado de tristeza.
  • Turquesa: la energía vital y la comunicación desde el corazón fluyen a través de este color.
  • Verde:el color de la naturaleza, este se relaciona con el equilibrio y la armonía. Es un excelente regenerador de energía y ayuda al niño a desarrollar su empatía con otros seres, así como a emprender nuevos caminos.
  • Amarillo:dado su lazo con el sol, este es un color cálido que está ligado a la energía positiva, a la alegría, a la acción. En grandes cantidades, puede obstruir otras emociones.
  • Naranja:este es el color que más suele asociarse a la juventud por ser el color de la alegría. Ayuda a desarrollar el autoestima y aleja pensamientos depresivos al fortalecer la mente.
  • Rojo: es el color más potente del espectro, por lo que activa al niño que se siente débil estimulando la circulación. Por otro lado, un exceso puede llevar a la ira, la impaciencia y la irritabilidad.

Ahora que conocemos el significado detrás de los colores y cómo aprovecharles en el espacio de yoga para niños, es hora de ponerlo en práctica. Llena de color su ambiente, pídeles que se concentren en determinados objetos y colores dependiendo del objetivo que desees conseguir con ellos y deja que sean ellos quienes absorban su energía.

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“La sonrisa es la mirada desde el corazón”.

Isabel Cervantes

Creadora del Método Suryakiranam
Yoga para Niños y Adolescentes

www.kaivalyayoga.net