Sí,  esto que parece tan obvio, es algo que en realidad acabamos por olvidar.

Nos parece que los niños nos llaman mucho la atención, que nos ocupan mucho lugar que ya no sabemos qué hacer con ellos y en realidad es mucho más fácil, porque cuando los vemos de verdad,  se vuelven colaboradores, tranquilos y reflexivos;  porque lo único que ellos quieren es, que al verlos, descubramos su mensaje, aquel que nos informa de todo aquello que nosotros,  por nosotros mismos, no sabríamos como mirar.

Ellos son los colores, la alegría, la espontaneidad, el amor incondicional, la capacidad de aprendizaje infinito.

Su cerebro es virgen y todo aquello que sus mayores les enseñamos va a ir configurando la neurología de cómo responder al mundo.

Ellos tienen los códigos de luz, eso no es más que frecuencias lumínicas con todas las posibilidades, ¿por qué malograrlos con condicionamientos de una forma de educación que tal vez no se adapta a lo que ellos traen?

La educación empieza en casa, los niños son leales a sus padres y por ellos hacen todo y con todo es también cualquier sacrificio con tal de que sus padres estén bien. Eso no siempre se entiende, pero ellos en su sabiduría, ven más allá de lo que los ojos o las palabras pueden percibir.

A ser padres nadie nos enseña. La propuesta es aprender a ser padres a través de la mirada compartida, con otros padres, con otros niños y con los que con amor hemos preparado estos encuentros, donde mirar juntos y descubrir los secretos que los niños nos develan y descostillarnos de la risa al ver entre todos lo que jamás hubiéramos pensado que nuestros hijos nos querían mostrar en su actuar.

Generación Arcoíris es el acompañamiento que como madre hubiera querido tener, seguro que me habría ahorrado mucha soledad, culpa, incomprensión, sensación de ser mala madre porque muchas veces no podía entender qué era los que mis hijas me estaban explicando con su actuar.

María Martínez Calderón