Los niños y jóvenes actuales son un desafío para padres y educadores.

Vienen para abrir caminos y nos han elegido para que los acompañemos.

Todos los niños son portadores de un cambio. A través de sus conductas ellos sacan a la luz todo lo que está oculto en lo más profundo de nuestra sombra.

Cada palabra, silencio, acción, de nuestros hijos y alumnos contiene un mensaje y somos nosotros quienes debemos abrirnos para descifrarlo.

Aprendamos a comunicarnos desde el corazón, sin encasillarlos, tratando de conocer y  respetar su individualidad.

Y por sobre todo tengamos el coraje de madurar, de ocupar nuestro lugar de adultos y revisar cada una de nuestras creencias hasta encontrar una mirada nueva que nos vincule con nuestros hijos desde un lugar más vital y verdadero.

Todo lo temido, negado o resistido por una generación aparece en las siguientes muchas veces potenciado.

Los niños nos dan la oportunidad de sanar nuestras heridas, ver nuestros errores y modificarnos, ya sea en el ámbito familiar, ya sea en el escolar y/o planetario.

También nos muestran nuestros dones, recursos y potenciales dormidos.

Si sabemos aprovechar la oportunidad que nos traen, de su mano podremos generar el cambio que estamos necesitando.

Muchas veces menospreciamos a los niños por su corta edad, como si la edad y la conciencia tuvieran una relación directa. Es cierto que quienes llegamos antes a este mundo tenemos más experiencia en el plano terrenal, pero esto no implica una mayor comprensión de las realidades más sutiles y multidimensionales que hacen a la experiencia del ser humano.

Los niños necesitan que los reconozcamos y les demos un espacio para participar abiertamente en la transformación de las estructuras obsoletas que rigen en nuestra sociedad. Tienen mucho para aportar.

Mirémoslos, escuchémoslos y comprendamos su lenguaje. Ellos muestran con la acción, hablan con la imagen y sienten con el corazón.

Los niños de hoy tienen una serie de características que por chocar con la vieja estructura se consideran como problemáticas. Si podemos verlas a la luz de un nuevo paradigma, podremos considerarlas como las semillas y los potenciales que ellos traen para construir juntos una nueva sociedad.

Sólo necesitan que volvamos a conectar con quienes somos para poder habilitarles una conexión real consigo mismos y su verdadera identidad.

Éste es el mayor gesto de amor que podemos brindarles, permitirles ser quienes son.

Es tiempo de acción… recordemos y pongámonos en marcha… hagámoslo juntos.

Sandra Aisenberg