La mirada sistémica en la educación y des-cubre una nueva mirada

Nuestra clase, nuestro colegio, nuestra familia, incluso nuestro cuerpo, las células que lo forman… constituyen un sistema. ¿Qué es lo primero, lo más importante en un sistema?  El orden

El orden siempre quiere decir que: lo que ha sido excluido debe integrarse de nuevo.

La mirada sistémica y los órdenes del amor de Bert Hellinger nos ayudan a comprender el amor que ordena las relaciones entre padres e hijos, entre alumnos y maestros, entre padres y maestros, entre colegas, entre padres y la institución educativa, etc. Se caracteriza por ser una mirada inclusiva.

La Pedagogía Sistémica es una invitación a ampliar la mirada hacia todo el sistema familiar del que estos niños, adolescentes y jóvenes forman parte, entendiendo que en múltiples ocasiones el síntoma manifestado en la conducta de éstos señala ciertos “desórdenes” o cuestiones emocionales aún no resueltas por algún o algunos integrante/s de la familia. En la medida en que juntos podemos “ver” qué nos están señalando estos síntomas, se abren los caminos de solución para restablecer el orden y el equilibrio en los vínculos de amor familiares aliviando o aun haciendo desaparecer dichos síntomas.

Este enfoque pedagógico trata de crear las condiciones idóneas para que la escuela sea un espacio orientado hacia el aprendizaje de la vida y para que las nuevas generaciones puedan hacer algo útil con el legado que les ha sido transmitido por sus padres.

La Pedagogía Sistémica es el arte de contextualizar y de enseñar desde una mirada más amplia que nos permite ver la organización, la interacción de los elementos de la escuela y la estructura espacial que conforma, el lugar y funciones de cada uno de sus elementos, así como las pautas que conectan a la familia con los diferentes elementos de la escuela. Es la aplicación de estos órdenes a todas las facetas del hecho educativo.

El enfoque sistémico aplicado  a la educación

La aplicación de la perspectiva sistémica en el ámbito educativo requiere observar cómo deben integrarse en el mismo los principios que sustentan los órdenes del amor:

  • La importancia del orden, qué fue antes y qué fue después, una mirada transgeneracional, la importancia de la vinculación con las generaciones (tanto para los alumnos como para los docentes)
  • La importancia del lugar desde donde cada cual mira lo que le corresponde, tendría que ver con las funciones, quién es y cómo hace de padre, de madre, de maestro, de administración.
  • Los padres dan y los hijos reciben, los maestros ofrecen y los alumnos toman
  • El valor de la inclusión de todos los elementos del hecho educativo, en contrapartida con la exclusión; el aula, la escuela como un espacio de comunicación en el que todos tienen un lugar.
  • El peso de las culturas de origen, que tiene que ver con la fidelidad y las lealtades a los contextos de los que provenimos.
  • La importancia de las interacciones dentro del sistema, todos los miembros del sistema están vinculados a los otros y cualquier elemento disfuncional puede afectar al resto de los elementos. Esto es especialmente interesante de ver en el sentido que cuando uno de eso miembros muestra algún tipo de síntoma, la razón de ser de éste no está tanto en la forma concreta que toma sino en la información que da al sistema de que hay alguna cuestión que no resulta funcional para el bienestar colectivo y personal.
  • Los órdenes y desórdenes. La mayoría de las veces operan de forma inconsciente. Se trata de identificar los desórdenes y poner la mirada en las soluciones que pueden hacer más funcional y operativo el sistema favoreciendo el aprendizaje y el bienestar de todos los participantes en el hecho educativo.

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